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Según Mariano Arnal

Que las casas de prostitución en la Grecia y Roma clásicas se abastecían de esclavas, aparte de ser algo históricamente constatable, es que era de sentido común. Existiendo el comercio del sexo, era evidente que quienes estaban en mejores condiciones de poner en el mercado una oferta completa y atractiva, no eran mujeres libres, sino los propietarios de esclavas, que al ser sus dueños absolutos, podían usar de ellas como quisieran. Y lo que vale para esas culturas, vale para todas: esclavitud y prostitución van de la mano. Incluso no existiendo la esclavitud, las prostitutas tienden a ponerse bajo la protección / explotación de un chulo, llamado más propiamente rufián. Cuando el chulo o rufián lo es de una sola mujer, la suya, se le llama cabrón, que ése es el sentido del insulto.

La palabra mancebo / manceba confirma la relación entre prostitución y esclavitud. Decía ayer, a propósito de la palabra emancipación, que mancipium era el protocolo de compra-venta por mancipación, y por extensión el objeto de la mancipación, por lo que significaba también “esclavo” y “prisionero de guerra”. Y de esa palabra deriva el término “mancebo”, que en masculino nació significando “esclavo”, pero en femenino pasó en seguida a significar “mantenida”, que es (como quedó explicado ayer) la misma palabra, con la única diferencia de que el verbo capere contenido en la palabra “manceba” hace referencia al principio de la relación, a la “captura”; mientras que el verbo tenere contenido en los términos “mantener” “mantenida” hace referencia a la continuidad de esa relación.

El amancebamiento es, por tanto, el mantenimiento de una mujer en casa, no en calidad de esposa, que ésa es la prevista por las leyes, aquella en que la mujer tiene el mayor nivel de derechos; sino en calidad de “esclava”, es decir simplemente para ser utilizada como una propiedad. El amancebamiento sería, por tanto, un atentado contra los derechos de la mujer. Mancebía era antiguamente el nombre usual de los burdeles, llamados también “casas de mancebía”; y “padre de la mancebía” al que regentaba el burdel.

(c) Mariano Arnal

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